Platos vs Platos edición galletada popular:
El Monstruo de las Galletas vs The Gingerbread Man.

Esta vez una merendola: un micro sello de ediciones especiales en vinilos de 7 y 12 pulgadas y el chef enfant terrible de las cocinas barcelonesas.

Los dj's y selectores de Galleta records nos llevarán de paseo por sus títulos y otras exquiciteces, mientras desde la cocina nuestro chef resident Paco Guzmán anuncia una orgía galletística con los hombrecillos de gengibre como protagonistas.


Galleta Records es un micro sello, amateur y orgulloso de serlo, con el vinilo como formato de edición. Desde Barcelona quieren darle valor a las cosas pequeñas, al talento cercano, al trabajo artesanal y manual mediante el mimo y el cariño. A través del Galletismo, el Sr. Galleta y su gang expanden (o por lo menos lo intentan) el amor por la música en su amplitud cósmica, sin estilos ni cortapisas.
Paco Guzmán pilota los fogones de sus restaurantes Santas (Santa Maria y Santa), con especial devoción por la repostería y actitud postpunk en todo lo que toca.
Galletismo
por Sr Galleta

No sabría decir cuándo empezó el camino del Galletismo, pero no dudaría ni un sólo instante en afirmar que la génesis de todo ello ocurre mucho antes de que Galleta ni tan siquiera existiera como sello. Incluso yendo más allá, ni tan siquiera como idea. Si ahora mismo alguien me preguntase qué es esto del Galletismo, supongo que me quedaría suspendido en el tiempo, el tic tac de algún reloj se instalaría férreo y firme en mi sien y me quedaría con cara de bobo (nada raro por otra parte), con los labios entreabiertos y emitiendo un balbuceo especial dedicación para el cuello de la camisa en plan: eunnnnnnnnnnhhh (mitad drone y mitad fuzz orgánico).

El caso es que no sé si es una norma o algo así como muy de topicazo, pero tengo la sensación de que habitualmente las preguntas más sencillas son las más complicadas de contestar. Es por ello que quizás sea necesario que retrocedamos en el tiempo. Antes de Galleta hubo otras vidas, otras aventuras, que tenían los mismos cauces y corrientes que de manera desordenada y a trompicones ha llevado el sello. Hubo fanzines de fotocopia sobre graffiti y poesía experimental; hubo ediciones de libros objeto; hubo autoediciones; hubo colectivos, crews y simples grupos de amigos; hubo muchas hojas de libretas arrancadas, muchos sprays bajo el manto de la noche o con arrojo y orgullo durante el día; hubo muchas palabras convertidas en acciones y acciones convertidas en palabras; hubo actividad a múltiples ritmos, desde el desenfreno hasta el último tramo de cuerda casi agónico.

Visto en la distancia, el estudio de las vanguardias artísticas de principios de siglo durante aquellos dos segundos de bachillerato (sí, la rebeldía teenager sin causa y el amor se cruzaron en mi camino convirtiéndome en un repetidor fracasado) calaron demasiado hondo en un servidor, que aferrándose a la máxima de que la vida es arte, intenté convertir todo proceso en el que me veía sumergido en una extensión de mi vida, en un proceso vital en el que lo realmente importante iban a ser las experiencias recibidas o al menos, eso quería creer. Y ya se sabe, desconfía de aquel que no ponga banda sonora a su vida (Radio Taxi de fondo y demás situaciones similares no validan, por supuesto). No sé si el arte y la poesía se desvanecieron, se tomaron vacaciones o se fugaron a una isla paradisíaca, pero lo que sí es obvio, y a este preciso instante tecleando estas palabras de madrugada me remito, es que la vida siguió, y con ella los capítulos sucesivos de mi banda sonora e infinidad de cosas aprendidas y metabolizadas en todo ese proceso de aprendizaje y cierta candidez poético/artística. Descubrí que hacer cosas es placentero (y otras veces doloroso, pero eso es otra historia), incluso terapéutico (lo de ponerlo en circulación también es otra historia) y aprendí de que si a uno le falla la voz propia, sólo hace falta mirar alrededor para darse cuenta de que hay muchísimas otras voces propias deseosas de ser compartidas y de salir a flote a algún mar. Y así, tras cierto periodo de inactividad, volví a meter las manos en la masa, esta vez a la manera de capitán de barco y sin ningún afán de protagonismo, que ya de por sí, lo tenía bastante atrofiado en el pasado. Esta vez serían los demás los que expondrían su arte, su música, y yo sólo sería un amplificador de sus talentos y sus energías, modificando levemente aquella máxima para convertirla en algo así como "hacer cosas es vida" (y por ende, no hacer nada es estar casi muerto o literalmente muerto). Sólo hace falta pasarnos por la página de la RAE (en libro también nos vale, por supuesto) para ver que el sufijo –ismo, “sirve para formar sustantivos que suelen significar doctrinas, sistemas, escuelas o movimientos”.


Lo bueno de hacer cosas y no tener que rendir cuentas más que a uno mismo (detalle que aunque pueda no parecerlo, también complica lo suyo pero, y vuelvo a repetir la frasecita de marras y ya van tres, eso es otra historia) es que uno puede hacer lo que le venga en gana. Puestos a embarcarse en una aventura que lo más seguro se alargaría en el tiempo, ¿qué mejor que crear un movimiento alrededor de todo ello? De esta manera se pueden poner las normas sobre la mesa para, precisamente, pasarse las normas y los dogmas por donde amargan los pepinos. Empezaba este texto comentando la dificultad de explicar el Galletismo, y no es que en el tiempo transcurrido hasta llegar a escribir estas líneas haya tenido una aparición mariana o una señal ufológica, pero el darle a la cabeza es lo que tiene, que al igual que muchas veces te confunde, muchas otras veces te ilumina, haciéndote ver el quid de la cuestión. Ahora es cuando me llevo el abucheo de todos y todas, al grito unánime de ¡¡patillero!!, pero señores, señoras, no hay otra evidencia ni más leña que la que arde: Galletismo es todo y es nada, así de simple. Galletismo es amor por la música sea del color que sea; es ser fan de los amigos; es hacer las cosas por puro placer y ya veremos qué pasa después; es oler los discos usados en alguna cubeta perdida; es bailar como si fuese la última fiesta del mundo; es hacer ruido sin que te lo pidan; es brindar con cerveza; es conocer gente y que se conviertan en tus amigos; es el viaje en coche camino de algún concierto; es hacer números para no palmar pasta; es amor por el disco físico en vinilo; es escuchar post rock en los viajes nocturnos; es la lata de bebida energética del Mercadona; es algún texto automático, es serigrafía, plantillas, pintura en spray, sellos de goma, pegatinas; es todos los sellos pequeños del mundo mundial; es el enigma de la poética; es bipolar; es dejar el seguimiento y control de calidad a una gata; es todas y cada una de las personas que ha participado de alguna manera en esto, es bien... Y así podría tirarme días y días, porque como he dicho (y perdonen que me repita por enésima vez) es todo, y (como Dadá) es nada. Si les apetece están invitados a formar parte de ello, por supuesto. No hace falta ningún carnet ni ningún uniforme. Todo bien.

El Monstruo de las Galletas
por Sr Galleta y Ricky Aka

alt : http://platosvsplatos.com/musica/Platos%20Vs.%20Platos%20compress.mp3

01. Marvin Gaye - What's going on
02. Barbara Lynn - I'm a good woman
03. Big Ella - Too hot To Hold
04. The Meters - Funky Miracle
05. Prince & The New Power Generation - Sexy M.F.
06. Edan feat Insight - Funky Voltron
07. The Clonius - Fogged Spacesuit
08. Exile - In the night
09. The Matrix - Beat Biter
10. Cypress Hill - Scooby Doo
11. Count BassD - Junkies
12. Plantlife feat. Dena Deadly - Your Love
13. Oddisee - Long Beach
14. Leonard Dstroy - Spell Binder
15. Africa Hitech - Blen
16. Dabrye feat Doom - Air (Kode 9 Remix)
17. Flying Lotus - Tea Leaf Dancers (Low Limit Remix)
18. Dorian Concept - Color Sexist
19. Niño - Ready to rock
20. Animal Collective - Summertime Clothes (Dam-Funk Remix)
Gingerbread Man

0,5 tazas de mantequilla blanda
1 taza de azúcar
1 huevo
1 cucharada de nata
1 cucharadita de vainilla
2 tazas de harina cernida
1 cucharadita de canela molida
0,5 cucharaditas de clavo de olor en polvo
1 cucharadita de levadura
1 pizca de sal
2 cucharadas de genjibre

Primero se bate bien la mantequilla, hasta que esté cremosa. Luego se añade el azúcar poco a poco para que quede bien mezclado. Los otros ingredientes también entran de uno en uno, siempre mezclando bien cada adición: espolvoreamos la harina, añadimos la canela, y por último el clavo y el gengibre. Y lo seguimos mezclando hasta que quede una masa homogenea.

Envolvemos esta masa en papel film para que no tenga contacto con el aire y la dejamos en la nevera 3 horas.

Una vez fría, la aplanamos y con el molde adecuado cortamos los muñecos.

Por último, a 190ºC, horneamos los muñecos durante 7 minutos, hasta que esten dorados en sus extremos.